Los Valores en la Educación

Es posible la educación sin valores? ¿Qué función tiene la educación en este campo? ¿Y la familia, la sociedad,…? ¿Cómo trabajar los valores en infantil, primaria y secundaria? Algunas de estas preguntas (y otras) son las que intento responder a través de la reflexión y propuestas prácticas que sugiero.

Con bastante frecuencia docentes y padres hablamos de la falta de valores entre nuestros jóvenes, algo que les lleva a conducirse por la vida con escasos ideales y una baja motivación que hacen extensiva a todos los ámbitos de sus vidas (escolar, profesional, familiar, deportiva, social, etc.). Como padre, docente y orientador, siempre he pensado que el tratamiento de los valores se puede y  debe abordar desde distintos frentes y de manera multidisciplinar ya que no tiene sentido ni eficacia el divorcio entre familia y escuela; no es positivo en ningún ámbito y mucho menos en éste.

Más que hablar de “educar en valores”, lo haría de “educar los valores”, partiendo de la base de que no se trata tanto de mostrar al niño o al joven lo que yo considero como “valores positivos” y “valores negativos” cuanto partir de la carga ya existente para que sea consciente de ella y pueda potenciarla, modificarla o reestructurarla en beneficio propio.

Indudablemente nuestros alumnos llegan al centro con unos valores previos que no siempre son conscientes de tenerlos, es más, suelen pasar inadvertidos para ellos:

  • De un lado, los que han ido introyectando en su familia de origen.
  • Por otra parte están en posesión de valores y normas que han ido aprehendiendo de su grupo de iguales, medios de comunicación, sociedad, etc.

Es normal que estos valores se manifiesten de manera más o menos expresa, a la hora de elegir entre varias opciones, seleccionar determinados amigos, posicionarse ante hechos de la vida corriente y conducirse por la vida de una forma determinada.

Naturalmente lo que resulta “valioso” para el alumno no siempre lo es también dentro de su entorno o en la sociedad en la que convive, de ahí que considere necesario que la educación lleve a cabo un doble proceso a la hora de intervenir:

  • Hacerle consciente de sus valores y de la escala de preferencias por la que se guía.
  • Seleccionar y priorizar los que considere como esenciales o irrenunciables en su vida para poder potenciarlos.

Partiendo de este enfoque queda claro el importante papel que la institución educativa puede y debe desempeñar si vemos la conveniencia o necesidad de trabajar los valores. Pero como apunté al principio, la escuela no debe actuar al margen de la familia y/o la sociedad y su función puede resultar valiosa como elemento reforzador de todo aquello que fuera del centro educativo se considera valioso para el educando. La concurrencia de los tres sectores favorecerá su afianzamiento. Sin embargo, nuestro papel puede resultar irrelevante cuando el alumno perciba entre ellos, choques, contradicciones o discrepancias. También el docente no puede olvidar que es imposible controlar todas las variables que inciden en el alumno y que en determinadas etapas de la vida (especialmente adolescencia) las hay que pueden tener mayor peso que Escuela o Familia, por ejemplo, su grupo de iguales.

Enumero algunas propuestas que el orientador/a puede brindar a los tutores y profesores para que el alumno sea consciente de sus valores, sepa apreciarlos, potenciarlos y capaz de expresarlos a los demás.

En Infantil y Primaria pueden servir actividades tales como:

  1. Pensar en el amigo/a ideal o en una casa en la que le gustaría vivir. Lo pueden plasmar en el papel mediante dibujos o bien con preguntas directas.
  2. Saber aquello que les agrada y lo que no les gusta, indicando el porqué.
  3. Qué animales aprecian más y por qué.
  4. Interactuar con compañeros/as de otras culturas.
  5. En los últimos cursos de Primaria, pueden confeccionar una lista con las cosas que ellos valoran o aprecian, así como otras que han hecho en los últimos días y de las que se sienten satisfechos; actitudes y comportamientos que valoran más de sí mismos; objetos que les gustaría comprar, frases que les gustaría oír en sus padres y amigos, etc.

Una vez que se han detectado valores, a nivel individual o grupal, hay que potenciarlos y para ello, un recurso fundamental es el refuerzo positivo mediante la aprobación y muestras de satisfacción por parte del docente para buscar la repetición de la conducta deseada.

En Secundaria e incluso Bachillerato se pueden adaptar las propuestas anteriores y elaborar otras más adecuadas al mundo del adolescente.

Una actividad que les gusta mucho y evidencia de manera clara los valores del joven son los Dilemas de Valores. Otra actividad que les agrada a los adolescentes es el Consultorio Sentimental (consultas imaginarias que hacen a una supuesta asesora sentimental, pidiendo ayuda para su problema; ellos tienen que asumir el papel de asesor/a y dar la respuesta). Tanto los dilemas como las consultas pueden ser elaboradas por el profesor o tutor e igualmente se puede hacer uso de acontecimientos puntuales de la vida cotidiana (una acción terrorista, un caso de acoso escolar, una situación de maltrato a la pareja, una agresión homófoba, etc.).

Pero hay muchas más que se pueden abordar:

  1. Personas y objetos que llevarían a una isla desierta.
  2. En qué consiste el éxito o la fama para él/ella.
  3. Expresar cómo maneja sus sentimientos.
  4. Confección de listas de valores con su orden de prelación.
  5. Su posicionamiento ante situaciones más o menos controvertidas (aborto, relaciones prematrimoniales, Religión, orientación sexual, terrorismo, publicidad, drogas, acoso escolar, etc.).
  6. Escribir acerca de qué representan para ellos conceptos tales como la felicidad, libertad, madurez, amor, odio.
  7. Escribir sobre algún compañero/a (sin mencionar su nombre).
  8. Cosas que compraría si le tocara la Primitiva.
  9. Comportamientos y actitudes que le molestan en el adulto.
  10. Personajes históricos o actuales que valoran.

En cuanto a la metodología para llevarlas a cabo, funciona muy bien formar grupos pequeños de discusión que elaboren conclusiones y sean puestas en común al grupo-clase, por ejemplo, Phillips 66, Brainstroming, etc.

Es importante que el docente o tutor haga un trabajo de síntesis y ofrezca al grupo-clase no solamente unas conclusiones, sino ideas complementarias, motivaciones y ampliaciones que refuercen el trabajo de los alumnos, intentando igualmente buscar algún tipo de compromiso para sean asumidas y puestas en práctica por el grupo.

No he intentado hacer una lista exhaustiva de actividades o recursos; simplemente son pistas que pueden generar algunas ideas para que el tutor o el profesor pueda personalizarlas y adaptarlas a su grupo-clase. Hay una extensa bibliografía en la que poder apoyarnos, tanto a nivel teórico como práctico.

Antonio J. Almagro Martínez

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